De pronto, abrí los ojos y empecé a ver como estaba en una estancia blanca, iluminada, con paredes inmaculadas y mucha, mucha gente. Había mesas por todos lados, con comida, bebida, neveritas y gente haciendo tonterías. Muchas tonterías.
Salgo de mi asombro y noto que tengo algo en la mano. No puedo mover el cuello, así que lo lanzo al frente, con fuerza haber que tengo. Tenía un plato en la mano, y al frente, estaba ELLA. La persona que me había rechazado, tratado como a la mierda de vez en cuando, y mirado como si fuera solamente un objeto.
De pronto, siento pánico. No pánico por lo que pudiera hacerme al verme, pues había vuelto la cabeza hacia mí, si no por que el plato iba directo a su abductor derecho. El plato choca, y deja cientos de cristales en el aire, y otros tantos clavados en su pierna.
- ¡Llamad a una ambulancia! - grito y corro hacia ella, que ahora está casi desvaneciendose. Entonces la cojo, tal y como coje un principe a su princesa, y empiezo a correr escaleras abajo. El hospital debía estar cerca, según mi reacción.
- ¡SUÉLTAME! - grita ella, más irritada por el hecho de que yo la tuviera en brazos que del hecho de que tuviera media pierna ensangrentada. - ¡QUE ME SUELTES!
- Ni lo sueñes - digo, y de pronto, se hace la oscuridad
Vuelvo a abrir los ojos, como al principio, pero esta vez, estoy en una habitación menos amplia, igual de blanca que la anterior, pero esta vez, con solo ella. Me acerco y me dice:
- Vete
- No pienso irme - le respondo y le pongo la mano en el hombro.
- ¡ Que te vayas ! -grita, moviendo su hombro y agitandolo un poco para que quitara mi mano.
De pronto me percato de que está en muletas, y tiene la pierna que antes estaba ensangrentada, llena de vendas. Me voy, haciendole caso, otra vez por unas escaleras, y se vuelve a hacer la oscuridad.
Esta vez, aparezco en mi habitación, que no sé por qué, no tiene ventanas, si no solo el marco. Voy a ver que pasa, y veo a un chico en el pollete de la ventana de enfrente, de pie. Quiero decir "No lo hagas", pero no me sale la voz. De pronto, el chico se inclina y cae al vacío. Me quedo patidifuso. En un momento, se escucha un estruendo. Ha caído.
- Debería unirme a él - pienso.
Así que yo también me subo al pollete mi ventana, y caigo al vacío.
En ese momento, despierto.
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