Datos personales

Mi foto
El hombre es el único ser vivo que tropieza dos veces con la misma piedra. Algunos parecen que quieren romper la piedra con la cabeza.

27/12/11

Añoranza

Sí, ya van 5 días que no te veo. No sabes cuanto lamento que sea así. Estar sin tú calor, sin tu sola presencia, me mata. Sí, me mata. Estar sin ese nudo en la garganta, sin ese coagulo de sangre en la aorta me está matando. Va todo demasiado fluido, y eso no me gusta. Para nada. Por... Bah ¿Cuántos kilómetros? ¿Cuántos días? Que sepas que ni la distancia ni el tiempo harán cambiar lo que siento. Pero, joder, no se,que coño siento ahora. No son las mariposas en el estómago. Ni sí quiera ese frío incesante de antes, de cuando no me sentía como en casa. Es una sensación rara, levantarse por la mañana y saber ya que no voy a poder verte. Ir por los pasillos de mi casa, y que de repente, se me salte una lágrima. Llamémoslo añoranza, por ponerle nombre. Pero, sólo quiero aclarar algo. Lo que pase en Valencia, se quedó en Valencia. No quiero pensar que estaré más tiempo sin tí.


Published with Blogger-droid v2.0.2

25/12/11

Seguro

Creí que nunca más me sentiría seguro de algoxl, que desconfiaría de ti a a mínima, que cambiaría de actitud cada dos por tres para que tú tampoco te sintieras segura de lo que yo estuviese haciendo. Pero eso ya se acabó. Vas a saber de mi cada momento del día, siempre que tú lo quieras. No desconfiaré de tí, me sentiré de nuevo un niño cuando te abrace, intentaré que te sientas como en un hogar, cálido y protegido de todo el mundo exterior. Aislado, no te darás ni cuenta de que el resto del mundo existe. Sacarán el reloj y te darás cuenta de que el tiempo pasará volando, la tarde nos cundirá solamente para decirte lo mucho que te quiero y besarnos lo menos tres veces. Por primera vez en mi vida, me siento seguro de que todo ocurrirá así.


Published with Blogger-droid v2.0.2

22/12/11

Jugar al telefono

Recuerda cuando eras pequeña, cuando sí te gustaba un chico las cosas se arreglaban con un simple ' me gustas '. Cuando enviabas a tu mejor amiga a decirle a ese chico "te quiero". Parece que las cosas no han cambiado demasiado desde entonces para la mayoría de las personas. ¿Te apuntas a ser la exepción? Yo, al menos sí. A que la gente nos vea y nos envidie, abrazados, besandonos, o simplemente, cogidos de la mano. Yo he aprendido a Sudat de la gente. Y me da igual que sea una clase entera con un profesor o un auditorio entero. Así que ya sabes. ¿Dejamos el juego del telefono para los sosos?


Published with Blogger-droid v2.0.2

Drogas

Dicen que no hay mayor droga qué estar enamorado. Es irónico. Que comparen algo perjudicial para la salud con algo tan... Bello, como es querer a alguien. En cierto modo, tienen razón. Una droga te hace sentir a ratos. La necesitas a todas costa, y no puedes vivir sin ella. Los ratos que estoy contigo, son los más felices de lo vida. Te necesito a toda costa, no puedo vivir bien sin ti. Y por último. Es difícil de conseguir. Y tú a mi me has costado mucho. Por que el que algo quiere, algo le cuesta.


Published with Blogger-droid v2.0.2

Trastorno Bipolar

Enfermedad que hace que el afectado tenga una doble personalidad. Me bipolarizas. ¿Entiendes?. Frío y calor, miedo y seguridad. Todo eso. Frío y calor a la misma vez. Es increible cómo estar tan helado y al abrazarte por un solo segundo ver que me cambia la temperatura completamente. Es como el alcohol. Bueno, no ya no lo es. Antes era un arma de doble filo. El alcohol, se supone que nos calienta. Pero en realidad, lo que hace es que nos enfría y por eso el entorno nos parece más cálido. Antes me helaba con solo pensar que tu estabas allí y yo aquí. Es raro. No se explicarlo. Me helaba, pero sentía calor. Ira. Furia. No contra tí, si no contra mí. Y aún me sigo sintiendo furioso muchas veces. Tú tambien estás fría, de vez en cuando. Aunque te comprendo, yo aún estoy más frío, y no sé si eso te asusta. Dios, TE QUIERO. Y se me hiela la horchata que tengo por sangre cada vez que te veo. Cada vez que me abrazas, la sangre se me hiela, y a la vez me siento seguro. Quiero que te pase lo mismo. Que te apoyes en mi torso y te sientas protegida. Que te abrace por las espalda y te sientas violenta, en el buen sentido. Así que ya sabes, solo uno de los dos debe ser el bipolar. Y esa serás tú, pero yo estaré allí para volverte al mundo real.

14/12/11

Clases Prácticas


Últimamente, noto que se me corta el habla demasiado. Que deberíamos hablar las cosas, tú y yo, solos. Los dos solos, un día de estos que tiene este mundo tan loco. Perdernos por cualquier lugar, que todo lo que la gente diga nos resbale, y que solo nos importe lo que digamos nosotros dos. Hablar las cosas, tranquilamente sin prisas. Revisar cuales son mis asignaturas pendientes, que tengo que mejorar, y que está bien. Dicen que hablar de eso refuerza mucho, pero también cuesta, así que entenderé que te lo tomes a broma. Entonces yo también intentaré tomármelo como una broma, como un juego quizás. Preguntas y respuestas.

Yo te preguntaré: ¿Beso fatal, verdad?
Y tú me responderás un: Esta bien. Pero con un tonito sarcástico, por lo bajo, como una pequeña broma personal. Solo lo dirás para que yo me sienta mejor, que me sentiré, pero entonces empezarías tú a preguntar.

Tus preguntas son impredecibles. Aún no sé que no sabes de mí. Podría decir que lo sabes todo, y también que no sabes nada. Pero me preguntarías algo, que seguramente, te contestaría a duras penas. Me pones más nervioso de lo que yo pensaba. Eres exactamente como mi marca de heroína. Te necesito para poder subsistir. Por lo que mediría cada palabra al milímetro, seguramente por que no quiero perderte. Pero no te mentiré de ninguno de los modos.

Entonces me tocaría a mí preguntar y diría: Bueno, es imposible que bese “bien” así que me vas a decir todo lo que hago mal.
Y entonces tú me dirías: Saliva.
Yo me reiría y te diría: De acuerdo. ¿Señorita, me hace usted el favor de demostrarme con cuanta saliva hay que besar?

Entonces yo me inclinaría hacia abajo un poco. O bastante. Aunque me encanta que tengas que ponerte de puntillas para llegar a mis labios. No se si mi cuerpo se quedaría tan quieto involuntariamente, para que tú tuvieras que ponerte de puntillas. Pero entonces, nuestros labios chocarían. Y se me olvidaría otra vez donde demonios tengo las manos en ese momento. Cerraría los ojos, y me ceñiría a disfrutar. Entonces tú te separarías y tendría que intentar encontrar mis manos, y también tendría que intentar que el corazón no se me saliese por la boca, o que las costillas me empezaran a doler por el palpitar de este. Entonces, intentaría utilizar un poco de esa gracia natural que no tengo y diría: Creo que no me he enterado muy bien. Me parece que me tendrás que dar más clases prácticas otra vez. Entonces, en ese momento, mataría personas para escuchar un “¿Prefieres que las clases sean ahora?”

Si escuchase un “Vale, otra vez será”, seguiría con el juego de preguntas y respuestas, pero con un tema distinto. Pero si escuchase que las practicas serían allí, en ese mismísimo momento… puf. Solamente puedo contestar eso. Puf. Tendría preparado en mi móvil un  “112”, por que seguramente, las prácticas durarían bastante. Y me enseñarías a donde debo poner las manos. Y como debo mirarte. Como debo abrir la boca. Como me debo acercar a ti… Me enseñarías a muchísimas cosas.

Aunque a mi solo me basta con que me enseñes una. Como acercarme. Así, una de esas veces que te pones tan encantadora, y bajes la guardia podría… como decirlo para que suene bonito y brusco… Cortarte con los labios. Así que ya sabes, profesora. Aún no he hecho los deberes. ¿Me enseñas a hacerlos?

12/12/11

Te quiero


Dos simples palabras. Parecen simples, pero significan demasiado para algunas personas. Una de esas personas soy yo. No sé si para ti significarán tanto como para mí. Lo que sí se, es que… no me voy a cansar de decírtelas. Van a ser tus palabras más odiadas “Te” y “Quiero”. Te vas a cansar de escucharlas. Te vas a cansar de que mi lengua choque con mis dientes para decir “Te”. Te vas a cansar de que la lengua vuelva a tocar mi paladar para decir “Quie”. Y por último, te vas a cansar de que mis labios hagan un pequeño surco y la punta de mi lengua toque las amígdalas para decir “Ro”. Te vas a cansar. Pero yo no me cansaré de decirlos una y otra vez.

Te quiero. Mucho. Bastante. Demasiado. Ya no quiero pensar nunca más en un pasado; en esas 5 semanas, las más frustrantes de toda mi vida. A excepción del día 3, lo dejo en los mejores momentos de mi vida. Hablar de una vez por todas de mis sentimientos, perder el miedo a decir “Te quiero” o decir un simple “Sí”. Eso es lo único que hizo especial ese día. Ah, sí, lo olvidaba. Cada día que paso a tu lado ya es especial, así que ya tengo otra razón.

Pero, no quiero pensar más en pasado. Ni en futuro. Quiero vivir el presente. Por que en el presente, estás TÚ. Y tú eres mi vida, o al menos, eres su centro. Mi universo personal ¿verdad? Mi propio sol. Giro alrededor de ti. Aunque no es así exactamente. Prefiero estar a tu lado y quemarme que estar otra vez girando como un idiota, no bien, pero tampoco mal.

Volviendo al tema del presente. En el presente han pasado muchas cosas. Y quiero que sigan pasando. En el presente se han dicho muchas cosas. Y quiero que se digan diciendo, porque de momento, todas son buenas. En el presente he escuchado pocas cosas. Y eso me gusta. Me gusta que la gente ya no se meta. Que no hable. Pero me dará igual. Por qué estaré tan ensimismado en ti que lo que digan o dejen de decir me la soplará. ¿Por qué?
Porque te quiero.

10/12/11

Nueve/ Doce/ Dos Mil Once


9/12/11

Había estado esperando este día en muchos sentidos. No sé por qué, pero, me lo había estado recordando continuamente. Por varias razones. Era el último día que tenía “libre” antes de que los trimestrales se abalanzaran sobre mí. Era el día, en el que tenía que haber tenido tres exámenes, para los cuales ni me había molestado en estudiar. Estaba demasiado… obseso, con algunas palabras como para perder el tiempo intentando recordar qué es una metáfora. Y eso que las uso continuamente. Algunas de estas palabras eran “Aquí esto, esperando”, “Me encantan las dos últimas entradas”, “Yo rápido me busco a otro”, “¿Te quieres liar con ella?”, “Sí”, “No”, “No se”, “Seguramente” y por último, “Te quiero”.

Me había montado mis propias películas durante las últimas… ¿5 semanas? Dejarte me había dejado destrozado. Sin posibilidad de arreglo. Tú te habías quedado con una parte de mí. Es como un muelle. Vale que lo aplastes, y lo estires sin ton ni son, y parezca el mismo. Siempre que no lo estires con demasiada fuerza, por que entonces la deformidad sería permanente. Tú no me habías retorcido. Tú solamente me habías estirado un poco, cuando estaba reprimido, y bajado un poco los humos cuando me pasaba de la raya. Solo hiciste bien por mí.

Pero eso era en la práctica. En la teoría, cualquier cuerpo al que se le aplique una fuerza, lo suficientemente grande para deformarla por un momento, no vuelve a ser el mismo cuerpo. Pues igual que a mí. No volveré a ser el mismo. Pero seré mejor. O, al menos, eso intentaré. Y, en cuanto a lo de que te has quedado con un trocito de mí… Quédatelo. No lo quiero. No lo quiero si no es contigo. Así que, ahora, guárdalo siempre cerca de ti, para que me complete mientras esté a tu lado. Aunque tú ya me completas.

Por un tema de Matemáticas… es absurdo. Por un simple tema de Matemáticas. “Venga ñajo, que sabes de sobra que los mejores momentos salen sin preparación”. Eso era lo que tenía de más. La preparación. Así que tocaba que un día, cualquiera de estos… me faltara. Y tuvo que ser ese nueve de diciembre. No me había preparado nada los días anteriores. Ni si quiera había preparado algo que no tuviera que ver contigo. 9 de Diciembre, no sabía lo que iba a hacer. Todas la horas, igual. Intentando hacer lo que me quedaba. Desviviéndome por conseguir ese aprobado que sabía que necesitaba para que no me hundieran permanentemente en la miseria.

Y entonces, cierta personita propone llevar un plan a cabo, que tú no te acabas de creer. Y yo no podía ver como ibas a estar así… ¿Celosa? Ni idea. Era la prueba de fuego que yo no había pedido. Quizás me vino bien que alguien obrara por mí de una vez por todas. Pero no aguantaba, así que tuve que decirte la verdad, después de ver que sí, que estabas celosa. Las cosas espontáneas dicen que son las más bonitas.

-         “Bueno, pues eso un día ya queda…” – se quedó a cortas otra persona.
-         ¿Quieres salir conmigo? – casi balbuceé

Y entonces, se me hizo medio segundo eterno. Más que eterno… Raro. Pero entonces vas tú y dices “Sí” y suelto yo aliviado un “Pues ya está”. Me levanto, e intento sacar esa adrenalina que tengo almacenada en mi cuerpo. No me lo creía. Es que era como un sueño.

Y mi felicidad siguió creciendo a la hora. Y seguía sin creérmelo. Hasta que me lo creí. Porque esperando a cierta persona, llegó otra que te quitó… un simple tema de Matemáticas. Y ya listos, empezó a coaccionarte. Pero no se llamaba coacción. Era dar un empujoncito con un cuchillo, no es como la vaca de Milka, pero funcionó. Por un puto tema de Matemáticas. Es que aún no me lo creo. Tanta preparación para nada, si después, lo único que hacía falta era un poco de “magia”.

Por cierto, mentí al decir que el besarte sería como si se me olvidara hablar. Fue mucho más. Fue el que se me olvidara respirar por un segundo, el que todo el cuerpo me temblara, el que se me olvidara por un momento donde estaba, el que si abría los ojos volvía a ese universo frío que estaba aislado de ti. Era todo eso. Es preguntarme la gente que donde tenía las manos, y yo no saberlo. No saber donde coño tenía unas putas manos, una extensión más de mi cuerpo. Y, sinceramente, ver tantos videos de “Cómo besar” para nada, por tener miedo. Es que fue… perfecto, al menos para mí. Todo lo que decían “Lo que no has de hacer”, pasó, o, al menos, algunas cosas. Pero, que demonios. No tengo ni idea de si pasaron o no. Mi cuerpo obraba solo por su parte, mi mente dirigía y yo no podía dirigir a mi mente. Aunque mi mente obraba demasiado bien.

Pero te separaste, debías recuperar tu tema de Matemáticas. Aunque hiciste bien, que a uno se le olvide respirar no es muy bueno para el organismo. Entonces, estaba esperando que volviera ese dolor incansable que me solía embargar. Y… nada. No volvía. Era extraño. Me sentía feliz por una vez en 5 semanas. No me lo creía, no volvía al mundo frío, seguía como en casa. Sinceramente, mi corazón acababa de salir por la boca, así que no extraña que no se me calmara en lo menos tres horas. Así que ya sabes: 9/12/2011.

9/12/11

Un simple Sí.

Solo bastaba un sí, una palabra tan simple de una sílaba para hacerme feliz. Tú me lo das todo, y lo sabes. Bueno y si no lo sabes, ahora ya sí. ¿Recuerdas cuando decía que con una mirada se me olvidaba respirar, y que con un beso se me cortaba el habla? Mentía. Ahora sé que cuando me miras más de dos segundos, es como no existiera. Y también sé que con un beso se me olvida respirar. Creía que eran simples metáforas ¿Vale? Pero no. Literalmente, no puedo respirar. Así que, dime la manera de que tú tampoco puedas respirar, así quedaremos empatados, los dos agotados.
Me pongo a temblar después de un beso. Y la gente me pregunta por qué. Y simplemente, debería decirles.
¿Tú como coño te sentirías después de que se te olvide como se respira?




Como una moneda

Haber, su nombre tiene dos partes. María Y Elena. Ella es Maria Elena, es mi mejor amiga. Pero además, es como una moneda. Tiene dos caras. Su cara mala, y su cara buena. Su cara buena, es fantástica, desprende una simpatía natural, sonríe y nos contagia a todos. Pero después tiene su cara mala. Puede ser la más mala que hayas conocido, lo cual le viene bien, por que así se defiende de las personas que le pueden hacer daño. Pero como toda moneda, también tiene canto. Es decir, siempre, siempre, en cualquiera de los casos, si está en la cara mala o buena, tiene esa dulzura natural que le sale a ella sin darse cuenta. Tiene ese afecto por todos, no es mezquina. Y podría decir muchas cosas sobre ella, pero no se me ocurrirían tantas metáforas como para describirla.

Así que ya sabes, María Elena. Sigue siendo como una moneda.

5/12/11

Como en casa


Miré el reloj. “¡Bien!”, me dije, pues parecía haber llegado a tiempo.
“¿Será aquella?” me pregunté, sabiendo que sí, que eres tú todo en todo momento.
Estabas aproximándote al semáforo, en frente de unos almacenes. Pensé en lo que me había prometido a mí mismo “Hoy voy a perder el miedo, por una vez por todas”. Te seguí, pero cuando emprendiste el paso, me quedé sin respiración.

Casi sin fuerzas. Tenía tantas ganas de ir allí, de hablar contigo, y no podía. Tenía los pies pegados al suelo, sin posibilidad de movimiento. Me puse más y más nervioso, me ardía la frente, tenía ganas de romperme las piernas e ir a rastras tras de ti. Quería gritar tu nombre y que te dieses la vuelta, extrañada, por no haber reconocido mi voz. Tantas ganas tenía, que me quedé allí, sin posibilidad de hacer nada de lo que tanto ansiaba. Desapareciste por la esquina. De pronto, me volvió la capacidad del habla, del movimiento, de todo. Volví  a ser “normal”. Entonces, crucé la carretera, aún con alguna esperanza de poder alcanzarte. O, al menos, con alguna esperanza de poder verte por un momento. No lo conseguí.

Me senté en uno de los bordillos de los escaparates. La gente me miraba raro, pero a mi me daba igual. Miré un rato para aquí y para allá, me levanté, volví a cruzar la calle, y fui a donde te había visto, aún más nervioso que antes, pero no estabas, así que de nuevo, ando por el paso de peatones hasta el escaparate. Me dio por abrir mi “Bandeja de entrada” de los SMS, y leer todos los mensajes de ánimo que me habían mandado para el día de hoy. Ese todos es bastante relativo, pues era únicamente uno.

 Entonces, escuché un “Pues claro que sí”, y miré al frente. Una voz inigualable. Única. Hasta estando con la garganta fastidiada tienes esa voz angelical y embriagadora. Ibas con 2 chicas más. Me entró el pánico, pero volví a querer levantarme de mi incómodo asiento, e ir junto a ti. Pero volví a quedarme pegado, con la voz ronca y débil. Con ese miedo que me había prometido a mi mismo perder, eliminar de mi vida. No podía creerlo. Me daban ganas de llorar, de darle un puñetazo a un cristal y que estallara en mil pedazos. Cualquier cosa, cualquier cosa que te pudiera hacer llamar la atención y que te volvieras, aunque tuviera media mano ensangrentada o un brazo roto. Cualquier cosa antes de no poder estar a tu lado. El semáforo se puso en verde. Cruzasteis mientras estabais medio hablando, y al girar vosotras la esquina, volví a recobrar mi movilidad.

 Entonces, salí corriendo tras de ti. Pero el semáforo se puso en rojo mientras estaba intentando cruzar, así que me tuve que resignar a esperar. Aunque hubiera seguido de no ser por que uno de los conductores usó la bocina para avisarme de que me iba a atropellar. Se puso el semáforo en verde y empecé a correr como loco, dándome igual todo. Con lágrimas en las cuencas de los ojos, que intenté reprimir, y que de hecho, conseguí. Miré por donde te habías ido. La nada.

Entonces, la frustración se cernió sobre mi rostro. Esperé minutos, incluso un cuarto de hora. Y entonces, empezaron a venirme recuerdos de gente que me habían contado sus experiencias con otras personas. “Lo mío, era peor, por que quedaba con ella, y me dejaba tirada”. No, tú no eras así, me negaba a creerlo. Aún guardaba un ápice de esperanza, cuando decidí irme por donde había venido. Casi corrí, y llegué al cruce por donde se iba a mi casa. Pero, no. Ni de coña. Prefería estar esperando hasta la noche allí si hacía falta. Así que me volví, y esperé otro cuarto de hora. Seguías sin venir.
Me daba miedo pensar que te habías ido. Pensar que iba a estar solo, amargado en mi casa. Pensando en ti, y sobre todo, pensando en por qué no te había detenido las dos veces que pude. Me resigne a mi triste final, y emprendí el camino a casa. Iba con la cabeza gacha, desanimado, por el hecho de haberme decepcionado a mi mismo.

Entonces, alcé la vista y no sé como, ni por qué, tú estabas allí. Con dos chicos y con las dos chicas que había visto antes. Me dí cuenta de que conocía a una de ellas. Estabais a unos, diez metros, pero no me importó. Seguí andando lentamente, quería conservar tu mirada al menos, unos segundos. Necesitaba sumergirme, llenarme de paz. Necesitaba ser yo mismo otra vez, no en el que me había convertido hace unos minutos.

Llegamos a un punto medio, en el que nos paramos y dijimos, yo primero y tú después un “Hola” y nos dimos dos besos. Hice lo mismo con las otras chicas, y los chicos nos echamos unas miradas de saludo. También conocía a uno de los chicos.

Ya estaba a salvo. Estaba en casa. O al menos, tú me hacías sentir como si estuviera en ella. 

1/12/11

Tú eres mi pequeño universo

El mundo es bastante diverso. Hay mucha gente. Demasiada, incluso.
Por eso, creo que todos convertimos a alguien en nuestro propio universo personal.
Convertimos a esa persona en el motivo por el que nos levantamos cada día, el motivo por el que merece la pena seguir intentándolo. Y dicho esto, mi universo personal eres TÚ. Cada vez que, te tocas el pelo, cada vez que sonríes, cada vez que, simplemente, abres la boca para decir algo, o respiras, no sé por qué, pero me haces un poquito más feliz.

No puedo estar cerca de tí sin que me falte el aire. Sin que al verte, me saques una sonrisa. Sin que, cuando me miras, tengo la necesidad de volver la mirada a otro sitio para mantenerme cuerdo, porque, si me sumerjo en tu mirada, me cuesta volver a la fría y cruel realidad. No me gusta volver a ella, pero, si me mantengo siempre en ella, al fin y a al cabo, no duele tanto. Es como estar en una cama de agua y, de repente, estar en una de pinchos. Siempre que te miro, me pasa eso, no sé por qué, ni que quiere decir. Y si no estás y no puedo mirarte siquiera, la frustración y el dolor se apoderan de mi alma. Así que ya sabes:
TÚ ERES MI UNIVERSO PERSONAL

29/11/11

Granos de Arena

No tienes ni idea de lo que siento por tí. No se puede medir. Es como la arena, sabemos que está ahí, pero no podemos contar cuantos granos hay. Querríamos contarlos, dejar volar nuestra imaginación y saberlo todo. Ni yo mismo sé cuantos granos de arena hay en una playa y ni yo mismo sé cuanto te quiero. ¿Tanto para no poder hablar? Puede.
¿Tantísimo para no poder ni mirarte? Seguramente.

De lo único que estoy seguro, es de que la arena sigue ahí. No sé si tu tendrás arena o no. Pero creo que si tú también tienes, voy a guardarla muy hondo, donde nadie pueda encontrarla. Porque te quiero tanto, que no quiero que nadie, nadie lo estropee. Que nadie estropee lo que siento por ti, o en su defecto, lo que parece que sientes por mí.

25/11/11

Equis Meses

Se me cae el alma al suelo cada vez que las veo, esas palabras que me persiguen noche tras noche. Cada palabra es como un puñal, como si las sílabas finales estuvieran rematadas con cuchillos. Cada palabra me duele más y más, aunque todas las frases tienen la misma. “Mes”. Y delante de este “mes” siempre hay un número. “Un mes”, “Dos meses”, “Tres meses”, “Cuatro meses”, “Cinco meses”… y así hasta nueve, o diez, no estoy seguro. Me siento mierda cada vez que leo esas palabras. Me siento como si los puñales me los estuviera clavando yo mismo, como si la única idea que se me pasara por la cabeza es ese “Polvo eres y polvo seguirás siendo".
Últimamente, no estoy lo bastante seguro de que al principio fuera polvo. Si no que era, simplemente, el vacío. No pensaba que nada pudiera pasar… y nada pasó. Pero… ¿ y si algo estuvo apunto de pasar y yo no me di cuenta de que iba a pasar…?

No lo sé. Lo único que sé que cada vez que pienso que en alguna vez estuvimos juntos… 
Tú y yo, y no me suena a platónico, lo que es muy raro.

No me suena platónico… ¿me has dado autoestima? No lo sé. No la tenía, pero creo que tuve un poco al final… . Lo siento. Pero no quería que te hicieran daño, y no te harían daño costase lo que costase… Aunque me tuviera que hacer daño a mi mismo.

19/11/11

No te fies de un sueño

De pronto, abrí los ojos y empecé a ver como estaba en una estancia blanca, iluminada, con paredes inmaculadas y mucha, mucha gente. Había mesas por todos lados, con comida, bebida, neveritas y gente haciendo tonterías. Muchas tonterías.

Salgo de mi asombro y noto que tengo algo en la mano. No puedo mover el cuello, así que lo lanzo al frente, con fuerza haber que tengo. Tenía un plato en la mano, y al frente, estaba ELLA. La persona que me había rechazado, tratado como a la mierda de vez en cuando, y mirado como si fuera solamente un objeto.

De pronto, siento pánico. No pánico por lo que pudiera hacerme al verme, pues había vuelto la cabeza hacia mí, si no por que el plato iba directo a su abductor derecho. El plato choca, y deja cientos de cristales en el aire, y otros tantos clavados en su pierna.

- ¡Llamad a una ambulancia! - grito y corro hacia ella, que ahora está casi desvaneciendose. Entonces la cojo, tal y como coje un principe a su princesa, y empiezo a correr escaleras abajo. El hospital debía estar cerca, según mi reacción.

- ¡SUÉLTAME! - grita ella, más irritada por el hecho de que yo la tuviera en brazos que del hecho de que tuviera media pierna ensangrentada. - ¡QUE ME SUELTES!

- Ni lo sueñes - digo, y de pronto, se hace la oscuridad

Vuelvo a abrir los ojos, como al principio, pero esta vez, estoy en una habitación menos amplia, igual de blanca que la anterior, pero esta vez, con solo ella. Me acerco y me dice:

- Vete
- No pienso irme - le respondo y le pongo la mano en el hombro.
- ¡ Que te vayas ! -grita, moviendo su hombro y agitandolo un poco para que quitara mi mano.

De pronto me percato de que está en muletas, y tiene la pierna que antes estaba ensangrentada, llena de vendas. Me voy, haciendole caso, otra vez por unas escaleras, y se vuelve a hacer la oscuridad.

Esta vez, aparezco en mi habitación, que no sé por qué, no tiene ventanas, si no solo el marco. Voy a ver que pasa, y veo a un chico en el pollete de la ventana de enfrente, de pie. Quiero decir "No lo hagas", pero no me sale la voz. De pronto, el chico se inclina y cae al vacío. Me quedo patidifuso. En un momento, se escucha un estruendo. Ha caído.

- Debería unirme a él - pienso.

Así que yo también me subo al pollete mi ventana, y caigo al vacío.

En ese momento, despierto.

12/11/11

Como las Agujas de Un Reloj

Te imagino, preciosa bajo una manto de recuerdos y de nubes grises, aproximandote hacia mí. Yo sentado en una esquina sombría, a la espera de una respuesta que no puedo decir por tu mirada. Tú sonries, con un toque de malicia. Pero este toque se convierte de repente en cariño. Yo también sonrío. Tú te sigues aproximando, y entonces yo me levanto. El corazón me da un vuelco que me hace contener la respiración.
No consigo articular palabra alguna, pero lo intento:

-¿ Te voy a tener que invitar a mi funeral? - balbucéo
- Tú sabrás - responde
- Sé clara. ¿Se va a cerrar la herida?
- ¿La tuya o la mía? - sonríe.
- Tú sabrás - le contesto y esbozo una pequeña sonrisa

Entonces sale de esa maraña de sentimientos lo que nunca había sentido hasta ahora.
Estaba ahí escondido. Pero tú vas y lo sacas. Sacas lo mejor de mí. Y depronto, coges algo de fuera, lo peor, y lo metes dentro, otra vez en la maraña.

Como en las agujas de un reloj, donde todo vuelve donde empezó.

11/11/11

Fantasmas del Pasado

Tanto dolor que ha permanecido me tenía que servir para algo. Para darme cuenta de que por mucho que te he intentado odiar, solo lo he intentado por creer que tú me odias. La herida se está curando poco a poco, lentamente. Cicatriza con cada una de tus sonrisas. Y me vuelve a escocer con cada uno de los gestos de dolor. Ahora necesito muchas cosas. Pero principalmente, te necesito a ti... aunque además:

Necesito que seas feliz, tenerte entre mis brazos, besarte en los labios...
Necesito que estes a mi lado... no sé si en lo bueno o en lo malo, pero lo necesito

Solo necesito que me quieras, igual que yo te he querido.
Y no te puedo decir cuanto te he querido... por que ni yo mismo se expresarlo con palabras.

La herida sigue sanando, y ya está casi cerrada. Solo queda tu opinión, o un si, o un no...
Si dices sí, la herida será un fantasma del pasado.
Si dices no... tienes invitación directa a mi funeral.

9/11/11

Confesiones

Quiero que tengas la misma hemorragia interna que yo tengo de vez en cuando, pero quiero que tú la tengas a todas horas. Pero no quiero que la notes. Aún. Quiero que cuando estés a más a gusto, cuando quieras a alguien de verdad, cosa que aún sigo dudando que puedas hacer con aquello a lo que tienes por corazón, se abra la herida. Y podría darme el gustazo de abrirla yo. Pero no. No creo que pueda abrir esa herida, si te soy sincero. Simplemente, porque no me has querido nunca y nunca me ibas a querer. Así que hice bien en irme a otro lado ¿Verdad? ¿Te hice un favor? Por supuesto. Y no tenía que haberlo hecho. La naturaleza dicen que es sabia. Dicen. Así que si tan sabia es la naturaleza, suponiendo que seas lo que la mayoría de la gente dice que eres, en algún momento tendrías que acudir a tus necesidades biológicas. Ah no. Ya atendiste esas necesidades con otro. 

“Polvo eres y en polvo te convertirás” no eres nada para mí, pero lo fuiste todo ¿Entiendes? Me equivoqué al defenderte tantas veces. Claro, que entonces estaba ciego. Ahora ya no me escuecen los ojos. Pero si que sigo teniendo la misma herida en el centro del pecho. Abierta de par en par, con las costillas al aire, los pulmones expuestos a la gravilla y el corazón palpitante. 

8/11/11

Futuras Cicatrices

Te lo dije. Ponme una tirita cuando aún la herida sea superficial y no esperes a que se abra y haya que hacer un torniquete. ¿Sabes? He aprendido algo. Debí de haberme puesto yo la tirita. Ahora la herida se ha hecho grande, está en mitad del pecho. Los bordes me escuecen.

 Estuve tanto, tanto tiempo ciego… que cuando al fín me atreví a abir los ojos, se me curó la ceguera, pero empezaron a escocerme también los ojos. Así que ya sabes. ¿Tenías los ojos bien abiertos no? Pues ahora, jodete. Quiero que a ti también te escuezan los ojos igual que a mí